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San José en La Isla

 

 

La historia de San José en la anteriormente Villa de la Real Isla de León (desde 1.813, Ciudad de San Fernando, título otorgado por Fernando VII) se remonta a la imagen existente del Santo en la Capilla del Castillo del León o de La Puente (hoy de San Romualdo) y del cual damos más detalles en esta web, en la sección que versa sobre la imagen de San José y el Niño en la Isla. Lo cierto es que ya en el siglo XVII, cuando aún La Isla no era municipio independiente, se tenía especial devoción a este Santo, si bien los datos encontrados de este culto en el castillo son escasos. Tendremos que esperar a que en 1.680 se instale en la Villa la Comunidad de Padres Carmelitas Descalzos para que con su primera edificación conventual llegase un culto especialmente fuerte a la advocación josefina, que se reforzó cuando en 1.733 se bendice el nuevo templo carmelitano. Y es que de todos es sabido la unión existente entre dicha Comunidad y San José. En ese nuevo templo existía y existe aún una portentosa imagen de San José de talla completa obra de Pietro Galleano, restaurada recientemente por el isleño Pedro Manzano.

 

Tres años antes, en 1.730, la Isla fue incorporada a la Corona por Felipe V.

Recordemos que aún no existía la Iglesia Mayor, que sería inaugurada mucho tiempo después. Y del culto al San José del castillo poco se sabe hasta ahora. Cierto es que existían otras capillas por entonces, pero será en esta época la Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen la que se perfile como la más grande y esplendorosa. Y grandes y esplendorosos eran los cultos dedicados a San José en dicho Templo, organizados por el matrimonio que formaban Dña. Josefa Berroa Enríquez y D. Juan García-Romero Mayoral. Sin duda estos cultos fueron cruciales en el reforzamiento de la devoción josefina, aunque fuese con la imagen de Galleano. No era de extrañar que una vez alcanzada la independencia política de la Isla respecto a Cádiz en 1.766, se intentase dar señas propias de identidad al municipio otorgándole un Patrón, por lo que se intentó ascender a esta categoría a la pujante advocación josefina, queriéndose incluso denominar a la nueva Iglesia Parroquial con el nombre del Santo. Esta iglesia no llegaría a llamarse "de San José", sino "de San Pedro, San Pablo y de los Desagravios", y fue inaugurada en 1.764. Lo cierto es que el culto a la imagen de Galleano llegó a influir lo suficiente para nombrar a San José Patrón de la Villa en 1.766, intentando así alcanzar la independencia religiosa de Cádiz, que imponía el patronazgo de Servando y Germán, que lo eran de la Capital y de la Diócesis. Pero el nombramiento no se materializó, y San José solo fue declarado Co-Patrón. ¿Qué imagen recibió el patronazgo?, es algo complicado de saber, y para ello remitimos al lector al capítulo de esta web dedicado a la imagen de San José. Para profundizar en el tema de la Epidemia y del Voto y Patronazgo, existe en la web otro capítulo concreto sobre el tema. Sea como fuere, el Ayuntamiento no cedía en su empeño de nombrar Patrón a San José. Por su parte, la devoción seguía ascendiendo, y en la nueva Iglesia Parroquial se funda en 1.789 la Venerable Congregación de Esclavos y Esclavas del Bendito Patriarca Señor San José, conocida y nombrada en las fuentes sobre todo como Esclavitud de San José, primera Corporación existente en la Iglesia Mayor, y que se sepa hasta ahora en toda la Villa para rendir culto a San José (al menos de forma exclusiva, pues tres años antes se fundó una hermandad de penitencia que tenía a San José como Co-titular y que radicaba en una Capilla situada en la calle hoy denominada Pérez Galdós).

Era una Esclavitud formada principalmente por clérigos, y sus reglas se basaban en las de su homónima de la Parroquia del Rosario de Cádiz. Estas reglas fueron aprobadas por el Obispo D. José Escalzo y Miguel el 28 de abril de 1.789, al tiempo que concedía una serie de indulgencia a los fieles que rezaran ante su imagen.

La Esclavitud se vería inmersa once años después de su fundación en el terrible suceso de la Fiebre Amarilla, que desembocaría en el Voto del pueblo y del Ayuntamiento al Santo y en el reconocimiento de este como Patrón de la Villa, algo que quedaría reflejado en la Bula de Pio VII con fecha de 09 de Febrero de 1.802.

La Esclavitud vio crecer en estos años la devoción al recién nombrado Patrón, y llegó incluso a tomar el lugar que en la Iglesia tenía la hoy extinguida Hermandad de Gloria de Ntra. Sra. de la Esperanza, actual altar de la imagen del Patriarca que ocupa desde los años treinta del siglo XIX. No obstante la vida de la Esclavitud fue corta. En 1.885 nacía la Asociación Parroquial Josefina del Bendito Patriarca Señor San José como heredera de aquélla. La Asociación Josefina, caracterizada por constantes altibajos, se rehabilitó varias veces en el siglo XX, la última en el año 2000, para tres años después desaparecer en pro de la reorganización de la Esclavitud que la precedió en el tiempo, aquélla fundada por clérigos el 28 de abril de 1789.

La Asociación Josefina, nacida en 1.885 es clara heredera de la anterior Esclavitud. Lo que no parece claro es el porqué de su surgimiento. ¿Se hundió la Esclavitud? Parece que sí, pero ¿por qué se funda una Asociación Parroquial para sustituirla en lugar de reorganizar la corporación anterior? Parece ser que en el último tercio del siglo XIX comenzaron a aparecer por España y el mundo las Asociaciones Josefinas, creándose incluso un Centro Josefino en Valladolid que actúa como Hermandad Matriz con respecto a las Asociaciones josefinas existentes en España. Parece que la de San Fernando fue una de las pioneras en este sentido, y sin duda una de las más antiguas. La Junta de Gobierno constituida el 19 de octubre de 2.000 consideró oportuno integrarse en este Centro Josefino Español, recuperando así relaciones institucionales perdidas con el paso de los años. Como hemos visto anteriormente, esta nebulosa histórica de misterios y etapas oscuras queda en un segundo plano cuando por fin podemos hablar de la Esclavitud de San José como un hecho real, como una institución religiosa del presente, con pasado y mucho futuro, puesto que, por fortuna, la citada esclavitud ha podido ser recuperada para bien del culto al Patrón.