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SALUDA DE CUARESMA A LAS HERMANDADES Y COFRADÍAS DE NUESTRO OBISPO

 

 

Queridos hermanos Cofrades: 

Comenzamos el Tiempo de Cuaresma que culminará con la Semana Santa, donde renovaremos en el Triduo Pascual el Misterio de la Redención que nos configura como bautizados con Cristo, el Señor, y nos hace hombres nuevos. En todo este tiempo bellísimo y espiritualmente intenso encontramos una nueva oportunidad que el Señor nos ofrece para la conversión, con las armas de la oración, el ayuno y la limosna. Ellas nos ayudan a salir al paso de nuestro egoísmo insolidario para hacer realidad en nosotros el doble mandamiento del amor: a Dios sobre todas las cosas que posibilita un auténtico amor al prójimo.

Este año además venimos celebrando el Centenario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, que culminará en la Solemne Consagración de nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta el día 29 de junio. Se nos propone contemplar el amor de Dios en su corazón traspasado (Cf. Jn 19,32-34), signo de su amor eterno y fuente de toda gracia para todos los hombres.

Como expreso en mi reciente Carta Pastoral con ocasión de tal efemérides, “Jesús y María, al demostrarnos su amor, quieren conducirnos hasta el amor desinteresado a Dios y al prójimo”. En efecto, María atravesada en su corazón por el dolor, tal como profetizara el anciano Simeón en el Templo de Jerusalén (Cf. Lc 2,33-35), entra en comunión con el Corazón atravesado y amante de Cristo por toda la humanidad.

Pero no se trata de una devoción inerme, sino efectiva. Así lo expresaba el Papa Francisco: "La piedad popular valoriza mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que ha brotado la salvación para la entera humanidad.", de modo que la contemplación orante del misterio nos lleva necesariamente a corresponder con nuestro amor. Su Corazón vivifica y ensancha el nuestro.

Nuestro corazón herido por el pecado, por tantas batallas, no admite un amor menor: sin Dios el hombre queda eternamente insatisfecho; los sucedáneos de felicidad que se nos ofrecen son transitorios y no llegan a calar en lo profundo de nosotros mismos. Sólo tanto amor derramado y contemplado en Jesús y María podrá llevarnos al arrepentimiento, volviendo al Amor primero, a la fuente de todo amor que es Dios, y a disfrutar de su vida en nosotros. Él nos conducirá de la mano, con magnífica suavidad, a un corazón abierto como el suyo, entregado y en total disponibilidad para los demás: “os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ez 36, 26).

Os invito, por tanto, a vivir con hondura este tiempo. Se que las muchas actividades y preparativos en los que trabajáis os ayudarán a amar más a Dios, sirviendo incansablemente a los demás. Deseo vivamente que, en comunión con su Sagrado Corazón, viváis y colaboréis con todos para vivir los misterios de la fe en un verdadero encuentro con el Señor en su Santa Iglesia. Os bendigo de corazón.

 

Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta.