SAN JOSÉ EN LOS VILLANCICOS MÁS CONOCIDOS

22 de diciembre de 2020
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AÑO DE SAN JOSÉ 2020/2021

Por el Rvdo. Sr. D. José Luis Palacio Valverde: 

En muchos villancicos de los 175 que he consultado, San José está ausente. No se dice nada de él: sólo mencionan a la Virgen y al Niño. Suprimo las referencias de los villancicos para que este artículo no se alargue.

Pero, en los villancicos donde sí se habla de él, San José es una persona muy normal, aunque alguno cante que es de mazapán o de barro.

En un villancico, alguien, que lo ve llegar de noche con María a Belén, le llama un hombre. En los villancicos gitanos, San José es “gachó”. Pero, José es Misterio con Jesús y María, según el villancico Dios-Manuel. El villancico "A las arandelas" nos pide alabar con suma alegría a San José, y alguien decide cantarle y anima a un muchacho a acompañarlo con el pandero.

A veces, se le trata de usted; otras, se le tutea. Es sencillo como la Virgen: es el bueno de San José. A él lo encontramos en el portal de Belén con María y el Niño acostado en la cuna. Se le descubre por debajo del "portalito" con María y el Niño. José es necesario para que con María haya Niño en el portal. Con María permanece al lado del Niño y vela con ella mientras miran la faz del Niño en angélica paz.

San José es llamado de estas maneras: Santo Padre del Niño Jesús, el Santo José, Señor José, San José Bendito, el Patriarca José, Glorioso San José o, simplemente, San José. La Virgen lo llama "Joselito." A San José se le tiene un poco de pena: es el pobre San José al que, los ratones que han entrado en el portal de Belén, le han roído los calzones; es el pobre José que, como la noche está fría, estornuda y, como no deja de estornudar, los Magos no pudieron cantar y los niños de todo el mundo deben quedarse fuera y, resfriados, se van; es el pobre de San José al que las lágrimas se le caían por la falta de acogida en Belén.

Tan pobre que, al no tener metedores para los pañales del Niño Jesús, la Virgen le quita los forros de sus calzones. Al pobre le pican los mosquitos en su cabeza calva. Se dice que San José era carpintero y que tiene en Nazaret un pequeño y pobre taller, y que puso uno en el Portal, pero, que también "le va la repostería", porque hace las tortas de Navidad. Tiene manos callosas de obrero, justas manos de hombre entero. Con ellas le hizo al Niño una cuna.

En los villancicos "Al filo de medianoche" y "La jornada" se presenta a San José como el Casto José que, con la Virgen, estampan un beso al Niño que le dice que "le pincha con sus barbas."

Algún villancico lo pone como un hombre anciano; un pobre anciano, calvo, con barbas largas, que el niño acaricia y tira de ellas, y San José se sonreía; y se le advierte que no le arrime la cara al Niño porque se puede asustar. A ratos, San José tiene en brazos al Niño y, en otro momento, le da madroño.

También con María se sonríe cuando el Niño mira a los dos. La sonrisa está presente en los tres. Otro ejemplo es éste: San José ante el Niño recién nacido sonríe y, teniéndolo en su rodilla, le canta, le hace el compás, juega con él, lo acaricia, lo contempla dichoso y extasiado con María, lo acurruca y se le cae la baba cuando lo ve sonriente después de tomar el pecho. Y, si se duerme, cuida de que no se despierte.

San José está cuidando al Niño, porque "un jumento atrevido se comió las pajitas y se muere de frío." Es el "burrito orejón" del que San José es un experto guía, con el correaje bien atrincado. Con dicho animal, José y María hacen el camino a Belén con diligencia para empadronarse.

Un villancico dice que ese jumentillo va cargado de turrón. En el villancico "Pobre nació", a San José se le mete prisa para que tire de la borriquilla, que ha de nacer en Belén la más grande Maravilla.

A San José los de Rute, le llevan un bastón de plata y, con los villancicos de éstos, el Niño y la Virgen se duermen, mientras San José les vela su sueño.

San José y María suben el sendero estrecho de Belén con el amor que llevan dentro, y lo pasan con su pedacito de cielo. San José lleva a la Virgen de la mano, conversa con ella sobre el Niño de Dios con palabras santas, cuando van hacia el portal. Hablando cosas de Dios, pasan la noche y el día. San José, para orientarse mejor, pregunta a unos pastores si hay mucho que andar para Belén.

San José es insistente ante la negativa y amenazas de enfado y apaleamiento del posadero, hasta convencer a éste de que son José y María. Convencido, el posadero los llama peregrinos, y los hace entrar.

San José llama a María “mi María” o “María del alma” o “esposa amada y reina del cielo”. Dice que siempre la estará él amando, que la quiere tanto, que sueña estar a su lado cuando nazca su lucero.

Él cree que no se merece ser esposo de María. Pero, ella le dice que Dios así lo ha dispuesto y lo llama esposo, dulce esposo, buen marido, y lo defiende ante quien le pregunta si la lleva hurtada, ya que viajan de noche; San José añade que Dios se la dio y no ha tenido nada con ella.
Como esposo, José recibe el consuelo y el consejo de la Virgen: “acuéstate, que vendrás cansado, cuando sea la hora, yo te he de avisar, por mí no tengas pena ni cuidado”. Y San José se queda dormido.

A las doce menos cuarto de la noche, San José va a buscar leña, porque la Virgen se helaba de frío. Los de Triana dicen "que se fue a por vino al bar de Juana." Como se quedó dormido, se despertó de alegría al sentir que un Niño gemía, pero hubiera preferido que la Virgen le hubiera avisado.

San José, el amante esposo de María, se aflige ante la proximidad del parto, sin tener un lugar apropiado. Pero, él la tranquiliza para que no se asuste, la anima a levantarse cuando se desmaya ante la negativa del posadero y le hace regalos: el día de Nochebuena le regaló una rosa que ella lleva en su divina pechera.

También él es agradecido, porque de la Virgen, camino de Egipto a Belén, acepta la naranja que ella le regala, tomada del huerto de un ciego.

San José es goloso. La sopa dulce que le dieron al Niño y que no se quiso comer, se la comió San José. Un día se quemó comiendo gachas, por no soplarlas antes...Pero, no le gusta el potaje sin tomate.

San José y la Virgen reciben con cariño a los pastores de Belén que llegan a adorar al Niño. Como los pastores quieren jugar, San José les dice que sí y una pelota les da. Un pastor, que no recibe turrón ni miel, deja de cantar, aunque San José le riña.

Si San José llora cuando no le abren en la posada, llora de emoción y gozo cuando encuentra al niño recién nacido y no deja de llorar al verlo llorar.

San José recoge la leche, miel y requesón que una madre le lleva a través de su hijo, por si el Niño tiene hambre. Cuando la Virgen lava, San José tiende. Para los calés, la Virgen es gitana y, si a los gitanos camela, San José se rebela.
San José afronta los problemas. Así, un día con la Virgen tuvo que atravesar un río.

Con este último dato termino este artículo, reconociendo que de San José se dirán más cosas en villancicos de otras culturas.

Pero, en conclusión, podemos decir que el San José de los villancicos más conocidos en España es tratado como un hombre, un padre y un esposo muy humano y con las reacciones propias de cualquier persona y, por ser así, reúne todas las características que le hacen Santo.

Feliz Navidad y año Josefino 2020-2021.

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